martes, abril 26, 2005

Un viaje en Micro

¡Pisa, pisa!, dijo el cobrador cuando logré coger uno de los tubos pasamanos. Tambaleando por la incesante y nerviosa aceleración y desaceleración del chofer, llegué a un duro asiento rojo ennegrecido.


El micro era modelo Coaster. El exterior estaba pintado de color blanco con rayas marrones en diversas tonalidades de las cuales resaltaban las letras blanquitas, indicadoras de la ruta.

Las llantas muy gastadas no dejaban de rodar hasta que alguna personita irreconocible moviera su brazo. Cuando ya se distinguía el rostro, previo balanceo de mi cuerpo hacia delante, el chofer había frenado para recoger un nuevo pasajero.
El piso estaba un poco húmedo y el olor a Kerosene parecía indicar que quien se encargaba de el aseo del vehículo había arrojado unos cuantos chorritos de este líquido, dejando manchas pequeñas a lo largo del pasadizo, entre los asientos.
Las ventanas traslucían marcas de dedos y autoadhesivos de Condorito. Tenía además letras rojas que decían: “Ventana de Emergencia”, “Asiento Reservado”.


¡Tres, cinco siete!, dijo el datero y estábamos en la esquina de Bolivar con Universitaria. ¿Quién está adelante?, dijo el cobrador. “El pirata”, dijo el datero. ¡Grrr!, sonó el motor y ya estábamos avanzando otra vez.


“A ver, pasaje a la mano”dijo el cobrador mientras se paseaba agitando moneditas: “chin, chin, chin”, con la mano derecha y los boletos en la izquierda. De color beige eran la camisa y el pantalón. Zapatos color marrón -¿o sería suciedad?. El chofer vestía igual. Hasta en el color de piel y el cabello estaban uniformados: piel cobriza, cabello negro.


Los pasajeros iban desembolsando su Sol a ver si el cobrador atracaba. “Sol veinte tal pasaje pe ñora”. “A ver con sencillo”.
“China al mercado pes amigo”, dijo un chico. Sólo habían tres señoras más en el asiento del fondo: “Cóbrate tres”, dijo una.
Yo estaba en un asiento individual casi al fondo, a la ventana. Saqué mi sol y mi carné universitario. Me dio mis veinte céntimos y mi boleto: “Medio”, decía debajo del carrito dibujado.



Ya se terminaba la avenida Bolivar, –felizmente porque hay muchos baches y la columna vertebral se cansa- estábamos a punto de cruzar la Brasil. Un letrero luminoso inmenso decía: “Copacabana”. Ya estamos llegando, pensé.



Una cuadra antes de mi destino empecé a planificar la estrategia de bajada. El micro iba demasiado rápido como para cometer un error y estrellarme contra la parte posterior del parabrisas. Además las manchitas de Kerosene en el piso podrían resultar traicioneras.

“Me agarro del pasamanos de la derecha y camino hacia la puerta, luego le digo: esquina bajan. Sí, así pero con cuidado porque hoy traigo sandalias, no se me vaya a escapar una”, pensé.“Esquina bajan”, dije. “Baja esquina”, dijo el cobrador. Bien agarrada del tubo me esperé a que termine de frenar y la pista deje de moverse. Un pie en un escalón, otro pie y un saltito. ¡Uf!, ya estoy a salvo.

5 comentarios:

Jomra dijo...

Salud Sipas.

Buena descripción de "un viaje en microbús", raro que no se haya subido nadie a amenizar el viaje ;).

Gero Arte.

Escorpion dijo...

Te falto los comerciantes, y los cochinos que suben al bus, pero igual chevere tu paseito diario

IMpazziti dijo...

y la gente mañosa qe suba a veces... mañosa no morbosa... ... y la gente qe no da asientos a las mujeres embarazadas.. o ancianos... la gente qe esta bien se hace la dormida.. eso jode!!

Morena dijo...

Por el apuro se me olvidó agregar ese detalle.
Esque se trata de una descripción que me pidieron hacer en mi clase de redacción y luego la pasé al blog, todo durante mi clase.

Abadiel dijo...

La eterna tortura, pero has como yo que ya ni pago en el micro, mas informacion en : http://abadiel.blogspot.com/2005/04/una-mas-de-combis.html